Entre la alerta y la acción: Cundinamarca frente a la inminencia de un nuevo fenómeno de El Niño

Redacción Ecos del Rosario Digital

La confirmación por parte del Ideam y el Ministerio de Ambiente de que la probabilidad del fenómeno de El Niño ha escalado drásticamente al 82% para el trimestre en curso —con proyecciones que rozan el 96% de cara al cierre de año bajo una intensidad calificada como «fuerte o muy fuerte»— ya no es un pronóstico lejano; es una realidad climática que golpea la puerta de nuestro territorio.

Cundinamarca, anticipándose a un escenario de sequías extremas e incendios forestales, ha tenido que activar de forma prioritaria su plan de contingencia. Sin embargo, este panorama técnico nos obliga a formular un análisis independiente y riguroso sobre la gestión del riesgo y la resiliencia institucional.

1. La anticipación como imperativo, no como opción:

El anuncio de la Gobernación de Cundinamarca de fortalecer su plan de contingencia de manera temprana es, desde la perspectiva de la gestión pública, un acierto ineludible. En emergencias climáticas pasadas, el país ha pagado caro el precio de la reactividad.

Que el departamento empiece a blindar operativamente a sus municipios más vulnerables (ya se identifican al menos 42 en alto riesgo de desabastecimiento hídrico e incendios) demuestra que se ha aprendido la lección de que un peso invertido hoy en prevención equivale a miles en mitigación de desastres mañana.

2. El impacto estructural:

Más allá de los termómetrosComo medio independiente, nuestro deber es desglosar lo que un «82% de probabilidad de El Niño fuerte» significa para el ciudadano de a pie. No se trata simplemente de soportar días más calurosos en la Sabana o en las provincias bajas.

Las alertas macroeconómicas ya prevén un impacto directo en la inflación de alimentos (con presiones al alza en productos básicos como la papa, la leche, el plátano y el arroz) debido al estrés hídrico en las zonas de cultivo cundinamarquesas.

A esto se suma la vulnerabilidad del sistema energético y de los embalses locales, los cuales apenas comenzaban a recuperarse de ciclos hidrológicos complejos.

3. La lupa sobre la ejecución local:

Si bien los lineamientos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y la Gobernación trazan la hoja de ruta, el verdadero cuello de botella histórico se encuentra en la capacidad de ejecución de las alcaldías municipales.

Los planes de contingencia no pueden quedarse en el papel o en decretos de archivo. Es urgente auditar de manera técnica si los municipios de la región cuentan con el equipamiento real de los cuerpos de bomberos, si los acueductos veredales tienen esquemas de racionamiento preventivo listos y si existen canales de comunicación transparentes con el sector agropecuario.